Si has visto mi último vÃdeo –en el que salgo especialmente guapo y felpudo- habrás visto una razón que me harÃa celebrar una cancelación de la pelÃcula Watchmen. Por supuesto, la cancelación nos harÃa perder una obra maestra del cine, pero en esta vida hay que intentar ver el lado positivo de cualquier tragedia.
Pero la maravilla de los vÃdeos es tal que muchas cosas acaban perdiéndose, como las lágrimas en el agua para regar los geranios, en el programa de edición. Y sÃ, tenÃa más razones, y las expresé. Sin ir más lejos, y sin abandonar el tema de los frikis, otra consecuencia maravillosa es que esos queridos seres –y quién no ha tenido nunca una mascota friki- acabarÃan casi instantáneamente con la producción mundial de tiburón crudo. Aunque ahora que lo pienso, eso posiblemente suceda de todas formas, porque probablemente en tu hamburgueserÃa amiga sólo podrás conseguir el muñequito semiartÃculado de El Comediante si compras las dichosa hamburguesa de escualo sin cocinar (llevan años intentando colocarlas).
Por otra parte, esa cancelación harÃa feliz a Alan Moore. PodrÃa objetarse que nadie quiere hacer feliz a Alan Moore, lo cual es bien cierto. En ese caso, con la cancelación lograrÃamos que creyese tener poderes mágicos de verdad. ¿No serÃa genial?
La verdad es que la situación sólo podrÃa mejorar si lográsemos que los frikis y los gafapastas llorasen a la vez por la cancelación de la pelÃcula. Confieso que durante un tiempo consideré que era un problema irresoluble a la altura de la cuadratura del cÃrculo. Pero mi amigo el Lobo Feroz cortó el nudo gordiano y me demostró lo fácil que era. Presten atención:
Hacemos que Lars von Trier dirija Watchmen. Sin efectos especiales, con los decorados dibujados en tiza sobre el suelo negro y sin usar maquillaje de ningún tipo. Luego, cancelamos el proyecto.
Ya está, frikis y gafapastas llorando a la vez. El Lobo Feroz es un genio.
Por supuesto, no va a pasar. Y es una suerte, porque efectivamente perderÃamos una obra maestra del cine: la recreación obsesiva y lÃnea a lÃnea de viñetas en el celuloide, que es como lo hacen los grandes directores. Por ejemplo, cuando Orson Welles adaptó al cine el cómic de Alan Moore Ciudadano Kane -no mucha gente lo sabe, porque el autor logró que retirasen su nombre de los créditos- se limitó a trasladar el cómic, viñeta a viñeta, a la pantalla. ¿Recuerdan la escena cuando Kane es pequeñito, se hace grande y luego vuelve a ser pequeñito? Pues tal cual en el cómic. En el cómic era una de esas páginas llenas de viñetitas todas del mismo tamaño. Aunque lamentablemente Orson Welles cambió el final original. En el cómic, Kane no morÃa, sino que pasaba a un universo paralelo donde adquirÃa superpoderes y luchaba contra una especie de Stalin bajito y armado con ganzúas.
Lo dicho, una suerte.
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